Ya en el siglo XVII se consumían patatas en Galicia. La denominación de origen abarca las zonas de producción de A Coruña, Lugo y Ourense.
La patata gallega es, sobre todo, de la variedad Kennebec ya que es la que mejor se ha adaptado al suelo y al clima gallego. Tienen la piel fina y lisa de color amarillento; son blancas y de carne firme por dentro. Su calidad es buena para cocinar tanto fritas como cocidas.